Soy prólogo, dedicatoria y epílogo apócrifo.
Y ahora finjo que un blog debería tener todas y cada una de las partes de arriba.
Acaso son las ganas que tengo de papel.
De arroz y armar.
En las noches.
En que ya no ocurre nada.
Tras ellas ocurre todo.
Trasnochadito.
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